Conocido coloquialmente como plusvalía, se trata del Impuesto sobre el Incremento de Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana (IIVTNU). Se trata de un impuesto que agrava el aumento de valor de una propiedad a lo largo del tiempo (por un máximo de veinte años) en los siguientes casos:

  • La transmisión de la propiedad entre dos partes:
    • Transmisión a través de una herencia o por legado.
    • La transmisión a través de la declaración de herederos sin que medie testamento.
    • La transmisión por donación directa.
    • La transmisión por compraventa del inmueble.
    • La permuta
    • La expropiación forzosa de la propiedad
    • La enajenación en subasta pública.
  • Derechos de goce limitativos del dominio
    • El usufructo (uso y disfrute de la propiedad de manera vitalicia o por tiempo limitado)
    • El derecho de uso y habitación

¿Quién debe pagar la plusvalía?

Esto dependerá del tipo de operación.

A título lucrativo, la pagaría la persona que adquiere la propiedad. En este caso estaríamos hablando por ejemplo de una donación, en la que no hay compra ni venta, con lo que el que recibe la vivienda es el que debe hacerse cargo del impuesto.

Si hablamos de título oneroso, cuando sí existe una compraventa, la plusvalía la pagaría el transmisor de la propiedad. Sin embargo existe una excepción: cuando se trata de una persona física que no reside en España, en cuyo caso se le exime del pago.

¿Cómo se calcula este impuesto?

Para calcular este tipo de tributo hay que tener en cuenta dos factores: el incremento del valor del terreno (se hace mediante una tasación oficial y se mide la diferencia entre la valoración en el momento de la compra inicial y el valor actual) y el tipo impositivo de este tipo de operación, que viene dado directamente por el ayuntamiento de turno, lo que hace que puedan existir grandes diferencias entre unas ciudades y otras.