Durante los años setenta en particular, la construcción en España se hacía sin pensar mucho en la estética de los edificios. La idea era construir el mayor número de apartamentos en el menor espacio posible. Estos apartamentos a menudo contaban con ventanas mucho más pequeñas de lo que sería aconsejable, ya que a mayor tamaño de la ventana, más complejo es construir los muros y más coste se añade al presupuesto final. Por otro lado se consiguió avanzar en el método de sostener los pisos, desechando el tradicional muro de carga por una estructura con cimientos y pilares repartidos que libraban a las paredes de toda responsabilidad de mantener el edificio en pie. Según fueron pasando los años la tendencia de las ventanas pequeñas se fue corrigiendo y sumado al hecho de no necesitar paredes para sostener el edificio, ha llevado a muchos arquitectos a experimentar con nuevas técnicas de arquitectura de interiores, donde finalmente, la ventana y el muro llegan a ser una sola cosa.

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Paredes de cristal: aislamiento sin perder luminosidad

Una de las partes más complicadas de dividir un espacio por tabiques es la disposición de los ventanales. Cada habitación debería tener al menos una pero si están en el interior del espacio, a menudo la luz que llega no es suficiente. Una solución a este problema ha sido el de colocar paneles de vidrio divisorios en vez de tabiques de ladrillo o pladur. Las paredes de cristal dejan pasar la luz a la vez que aíslan del sonido. Es la solución perfecta para un pequeño despacho, un comedor, o incluso la cocina. De hecho este método ni siquiera debería dar problemas de intimidad, ya que el vidrio puede ser semitransparente o translúcido, de manera que deje pasar la luz a la vez que impide ver a través de él.

Pero todos los entornos tienen que estar equilibrados y con el cristal lo suyo es poner madera. La calidez de la madera permite compensar el ‘frío’ del cristal y da un toque de color a la estancia. Estos dos materiales son la combinación perfecta para separar los espacios, y se puede hacer tanto con marcos de sujeción de los paneles de vidrio como tabiques de pladur a media altura y forrados con láminas de nuestra madera favorita. Si en tu espacio no tienes muros de carga y las ventanas son demasiado pequeñas, las paredes de cristal podrían solucionar el problema de la luz en un periquete.

No renuncies al color y a la decoración

Emplear paneles o separadores de cristal no implica renunciar al color. En una casa llena de vidrio no solo es conveniente, sino muy recomendable, llenar ese espacio aparentemente vacío a causa de la transparencia del cristal, con elementos que aporten cierta calidez, empezando por la madera antes mencionada, pero sin olvidar uno de nuestros mejores aliados: la iluminación.

Lo primero que hay que tener en cuenta al dividir nuestra casa con paneles de vidrio es la disposición del inmueble con respecto al sol. La luz entra de una manera muy predecible y por eso es necesario colocar los elementos de manera equilibrada para que el efecto de luminosidad que queremos conseguir se logre. Sin embargo habrá espacios en penumbra que habrá que iluminar con luz artificial apropiadamente. Las luces LED son un gran aliado en estos casos ya que otorgan miles de posibilidades (desde puntos de luz fijos, a lámparas, tiras LED etc.) y mantienen un consumo muy bajo. Además de las luces, puede ser buena idea comprar láminas de plástico decorativo que se pegan en el cristal para conseguir diferentes efectos. Las hay con formas y colores diversos, con lo que por ejemplo, se puede hacer una greca con diferentes formas y motivos, o colorear el cristal con láminas de diferentes colores. El objetivo es adaptar cada estancia en función de su uso real.

Las paredes de cristal no son baratas. A menudo un tabique de pladur o ladrillo es más económico. Sin embargo como solución para pisos mal iluminados y con posibilidad de eliminar paredes, es una idea que debiera ser considerada. Echa un vistazo a tus ventanas y fíjate en si el sol puede darle una segunda vida a tu hogar.