Ya lo decían en la antigua Roma: “mens sana in corpore sano”. La vida saludable a la que aspiramos es más que posible teniendo en cuenta, entre otras cosas, cómo acondicionar nuestra vivienda para que sea precisamente eso: saludable. No se trata simplemente de aprovisionar nuestra cocina con los alimentos más adecuados, sino de prestar atención a una serie de aspectos de nuestra vivienda que nos pueden hacer llevar una rutina más sana y aumentar nuestra calidad de vida.

En primer lugar, una buena ventilación es un requisito básico en el camino hacia una vivienda saludable: es fundamental ventilar nuestros hogares para poder disfrutarlos. No voy a entrar en la importancia de la creación de los ambientes más adecuados para nuestra salud, porque es una cuestión obvia. Pero sí conviene recordar lo que tenemos que evitar en casa en la búsqueda del mejor ambiente posible: productos de combustión, polvo, aerosoles, humedades, etc. Todos estos elementos hacen sombra al aire fresco esencial para los ambientes más equilibrados, aparte de ser contaminantes y perjudiciales para la salud. Una posible ayuda es tener plantas en casa, pues renuevan la calidad del aire y humidifican el ambiente en su justa medida.

Nuestras promociones también pueden son saludables de puertas para fuera. Todos los residenciales poseen zonas ajardinadas y zonas deportivas además de un lugar de ocio y relax en el exterior donde disfrutar de zonas verdes, aire limpio, de la naturaleza  y por qué no, de pensar… ¿hace falta explicar sus beneficios en nuestro estado de salud?

En Vía Célere nos gusta decir, que creamos hogares no viviendas; nuestras viviendas son nuestro modo de vivir. Sobra cualquier explicación sobre la importancia de cuidar a ambos, ¿verdad?