Hace ya más de 100 años, Henry Ford revolucionó por completo la fabricación de automóviles, aplicando los principios de lo que hoy conocemos como industrialización. Por medio de este sistema, cada trabajador desempeña una función específica, ayudándose de maquinaria precisa y altamente desarrollada. En definitiva, se busca un mayor control en la organización, con el objetivo de aumentar la productividad y mejorar la calidad. Así, Ford consiguió reducir el tiempo de fabricación de uno de sus modelos, de 12 horas a sólo 93 minutos, permitiendo bajar el precio de un producto de mayor calidad. A día de hoy, no se entiende la industria de la automoción sin la producción en cadena.

En el campo de la construcción, en cambio, este sistema no ha terminado de asentarse como método de trabajo habitual. Lejos de los ambiciosos intentos de Le Corbusier, Walter Gropius o Alvar Aalto, con proyectos modulares, racionales y tecnológicos, la industrialización únicamente se ha desarrollado de manera puntual, en entornos condicionados por factores concretos: en Europa del Este, la urgencia de la producción de viviendas en masa tras la II Guerra Mundial; en Estados Unidos, el aprovechamiento de sus recursos naturales con la proliferación de pequeñas empresas de construcción en madera; en Suecia y Finlandia, la climatología hostil que obliga a reducir el hormigonado in situ al mínimo; en Reino Unido y Holanda, la Primera Revolución Industrial del s.XVIII, y en la actualidad el apoyo institucional y la inversión en investigación; en Japón, la referencia de la industria del automóvil.

¿Por qué la construcción industrializada todavía no ha despegado en nuestro país? Probablemente por las falsas creencias que surgen a su alrededor:

“Disminuye la calidad”. Es muy común esta percepción, porque se piensa que la producción en cadena sistematiza el proceso y lo hace automático, tan automático que no es necesario revisarlo, y los fallos pasan desapercibidos. Sin embargo, ocurre todo lo contrario: en primer lugar, se realizan prototipos de ensayo para realizar pruebas, ajustar el diseño y mejorar la calidad. Posteriormente, una vez comenzada la producción en cadena, cada operario realiza una tarea muy concreta en la que está especializado, y se lleva a cabo un control exhaustivo con numerosos puntos de inspección. La ayuda de la maquinaria es imprescindible para lograr una precisión propia de la industria, pero igual de importante es el factor humano a la hora de manejar adecuadamente dicha maquinaria y organizar el proceso de manera efectiva.

“No supone grandes beneficios”. Además del factor económico, la construcción industrializada ofrece ventajas tangibles: máxima precisión, alta calidad de los acabados, mano de obra especializada, control de la producción, pruebas en fábrica, compromiso de plazos, precio cerrado, etc. El beneficio más importante es el ahorro de plazo. A modo orientativo, por cada 80 módulos de baño industrializado, se reduce un mes de ejecución, y cada día es posible instalar en obra 20 unidades. La reducción de la siniestralidad, es otro factor clave, ya que el entorno de trabajo está controlado y las condiciones físicas y ambientales son mucho más favorables. Por último, se ahorra agua y electricidad durante la fabricación, y se realiza la gestión de residuos, lo que se traduce en sostenibilidad y bajo impacto medioambiental.

“El usuario final no lo valora”. Ante la falta actual de penetración en el mercado de los sistemas industrializados, el cliente no conoce en profundidad, qué aportan estas soluciones constructivas.  Sin embargo, el usuario final es uno de los grandes beneficiados en los casos de implantación de la construcción industrializada. Desde su punto de vista, tendrían especial importancia: el ahorro de plazo, la calidad óptima de la ejecución, las pruebas en fábrica, la innovación, la sostenibilidad, la posibilidad de “estrenar”, la trazabilidad de los materiales, y la garantía total del producto.

En definitiva, los procesos de construcción se han estancado en el último siglo, por el arraigo en los métodos tradicionales, la falta de inversión en investigación e innovación, así como la necesidad de regulación normativa específica. Los falsos mitos comentados aquí tienen también cierto peso, pero se aprecia en la actualidad una tendencia global de cambio de mentalidad. De manera progresiva, la construcción por componentes compatibles se ha consolidado como la mejor forma de industrialización, ya que permite una mayor flexibilidad y es posible aplicarla en producciones estandarizadas a partir de 20 módulos. Esta es la apuesta de Conspace, empresa de sistemas modulares de Vía Célere, que en la actualidad produce baños y cocinas, y desarrolla nuevas soluciones como fachadas y paneles técnicos. Hay que acabar con los falsos mitos y modernizar el sector de la construcción a través de la industrialización, tanto para obra nueva como para rehabilitación de edificios.