Vía Célere - Artículo opinión

Innovación en construcción residencial? Cuando alguien nos pregunta por una bicicleta, un coche o un reloj, todos damos por sentado que estos elementos se realizan en serie en el entorno controlado de una fábrica. Es muy probable que estos elementos, si se realizan de manera artesana tengan fallos propios de la mano humana, que da cierto carácter a estos elementos, pero que dista mucho del funcionamiento perfecto que esperamos de estos objetos. También con probabilidad, si tenemos uno de estos elementos artesanos es porque antes o después vamos a adquirir otro similar con todas las ventajas de la producción en serie, y dejaremos el artículo artesanal como capricho, utilizando su hermano industrial para conseguir la funcionalidad perfecta que necesitamos en nuestro día a día.

La vivienda es ese objeto artesano, hecho por las manos de muchas personas, en un ambiente exterior sin controlar y sin la calidad que ofrece una factoría. Con esta lógica, y debido a que la vivienda suele ser única y que no podemos adquirir varios modelos como en el caso de la bicicleta, el coche o el reloj, la conclusión es que deberíamos elegir una vivienda fabricada en una industria, donde la funcionalidad es muy superior respecto a una vivienda tradicional y los fallos, desperfectos e incidencias infinitamente menores.

Pero no, en este caso no funciona la lógica, en este caso funciona la tradición y cuando hablamos de viviendas no realizadas al modo tradicional, pensamos en una casucha prefabricada: fea, paredes endebles, construcción temporal, baja calidad, etc. Y, reconozcámoslo, así era.

Pero, si los materiales son cada vez más avanzados y las demás industrias avanzan y mejoran, ¿por qué creemos que es distinto en la vivienda?

Un ejemplo ilustrador:

Las viviendas construidas hace 20 años tenían sobre las ventanas una madera que cruzaba el hueco de lado a lado y donde se alojaba la persiana. Normalmente esta madera dejaba paso a ruidos, frio y en muchos casos, humedades y otras patologías. Las viviendas actuales cuentan con ventanas monoblock, donde el módulo de la ventana ya lleva incorporada en la parte superior el cajón de la persiana, haciendo un sistema compacto que evita patologías, es de menor tamaño y más estéticas.  Este avance es positivo y así se considera, pero a este avance hay que ponerle nombre: la ventana y la persiana son productos industriales. Podríamos hablar también de los armarios, los muebles de cocina, etc., que se celebran como mejoras de calidad en la vivienda. Con esto incorporamos elementos industrializados a nuestras viviendas que supone un paso más hacia los objetos en serie que mejoran el conjunto de la funcionalidad y confort de nuestro entorno. Quizás sea esa la principal diferencia con la prefabricación de antaño: hoy la industrialización es sinónimo de calidad.

Sabiéndolo, yo no quiero una casa prefabricada pero sí industrializada. ¿Y tú?

Sandra Llorente, directora de sistemas industrializados de Vía Célere