Es cierto, lo reconocemos, a los españoles nos encanta contar con una segunda residencia para cuya compra solemos solicitar una segunda hipoteca. No en vano, para muchos es la única manera de convertirnos en propietarios de una casa de vacaciones. De esta manera obtenemos la liquidez suficiente para hacer realidad nuestro sueño de los veraneos en la playa, una casa de vacaciones en plena montaña o ese pueblo precioso del que nos hemos enamorado hasta las trancas. No obstante, conseguir que el banco nos conceda esta segunda hipoteca resulta un poco peliagudo, pues las entidades bancarias suelen volverse más exigentes dado que hay más riesgos de que el cliente deje de pagar al no tratarse de su vivienda principal.

En suma, existen más riesgos de impago y los bancos fruncen más el ceño ante las demandas de segundas hipotecas. A esto se añade el hecho de que suelen ser viviendas más difíciles de vender ya sea porque se emplazan en pueblos o lugares de vacaciones muy del gusto del cliente y quizás con un público muy concreto. Por lo tanto, si estás sopesando la compra de una vivienda vacacional y no sabes muy bien cómo funcionan las segundas hipotecas, no te pierdas este artículo donde trataremos de ilustrarte sobre este asunto:

¿En qué se diferencian las primeras de las segundas hipotecas?

Así, no debe sorprenderte el hecho de que tu banco establezca unas condiciones más estrictas en esta segunda hipoteca. Lo cierto es que podemos hallar importantes diferencias entre ambos productos. En concreto, podemos citar los siguientes aspectos:

  • El importe es menor en las segundas hipotecas, pues mientras que en las primeras hipotecas los bancos suelen prestar el 80 % del valor de tasación o de compraventa, en las segundas este importe no supera el 70 % (en el mejor de los escenarios) e incluso esta cantidad no pasa del 50 %.
  • El cliente debe gozar de gran solvencia económica. Así, éste debe contar con unos generosos ingresos, además de una gran estabilidad laboral. Debemos recordar que, dado que los plazos son más cortos, ello redundará en unas cuotas más elevadas. En suma, el solicitante debe disponer de unos ingresos más altos que para la contratación de un préstamo hipotecario destinado a la compra de una vivienda habitual. Además, es sumamente importante –al igual que sucede en una primera hipoteca– que el solicitante no figure en ninguna lista de morosos, como ASNEF o RAI, así como tampoco haber dejado de pagar algún plazo de una hipoteca o préstamo personal.
  • El plazo de amortización –como decíamos en unos párrafos anteriores– suele ser más breve en el caso de las segundas hipotecas. En este sentido, lo más habitual es que este periodo no supere los veinte años. Aunque es posible encontrar opciones que contemplan los 30 años e incluso de manera muy excepcional los 40.
  • Por su parte, los intereses son más altos que los aplicados en una primera vivienda.
  • También es posible –al igual que en la primera hipoteca– solicitar la intervención de un avalista. De esta manera los bancos se aseguran de que en caso de impago siempre podrán dirigirse a un segundo deudor.

¿Qué ofrecen los bancos para las segundas hipotecas?

Con todo, los bancos se esmeran por ofrecer condiciones ventajosas a las personas interesadas en firmar una segunda hipoteca. Muchas de ellas se ofrecen libres de comisiones y prometen financiaciones del 70 % e incluso 75 % las más osadas.

Aunque todo es negociable y el banco siempre está abierto a posibles cambios en función de nuestro perfil financiero. Con posterioridad a la firma, únicamente podrá modificarse alguna de las condiciones pactadas a través de la novación que, por supuesto, no resulta gratuita.

¿Cómo se puede conseguir liquidez para una vivienda?

Suponemos que a estas alturas ya te habrá quedado más que claro que la empresa que pretendes no es de las fáciles precisamente, pero hay maneras de allanar el camino hacia ese crédito hipotecario. ¿Lo vemos?

En concreto, una vía es rehipotecar la vivienda habitual que ya tenemos pagada. Así, estaríamos poniendo el inmueble como garantía para un nuevo préstamo hipotecario. Otras maneras de obtener esa liquidez pasan por la ampliación de hipoteca que consiste en sumar la nueva cantidad a la deuda de la hipoteca que ya teníamos.

Algunos expertos aconsejan no tocar bajo ningún concepto la primera vivienda pues corremos el riesgo de perderla y la experiencia reciente de la crisis ha demostrado que esta posibilidad es más que plausible.

Lo cierto es que pasada la crisis, vuelve a fluir el crédito hipotecario y las condiciones se van volviendo menos onerosas. Aunque, por supuesto, los bancos no deberían volver a incurrir en la concesión de hipotecas subprime o hipotecas basura con altos tipos de interés y que fueron concedidas a personas de escasa solvencia. Por lo tanto, las entidades obran con mucha sensatez cuando deciden mirar con lupa todas las solicitudes de hipoteca. De lo contrario, volverían a las andadas y en muy poco tiempo volveríamos a encontrarnos en la díficil tesitura económica en la que nos vimos envueltos hace casi una década.

Por cierto, en la actualidad contamos interesantes herramientas como los  comparadores a los que podemos acudir a fin de escoger la mejor opción para nuestra segunda hipoteca. Suponen una excelente manera de obtener información y acertar a la primera o, por lo menos, saber qué ofrecen las demás entidades bancarias y negociar con nuestro banco una oferta lo más ventajosa posible para nuestros intereses.