Pedro Gila, director de gestión patrimonial de Vía Célere.

Pedro Gila, director de gestión patrimonial de Vía Célere.

Con el objetivo de impulsar el crecimiento económico, el nuevo ejecutivo ha iniciado una batería de reformas entre las que se encuentra la del sistema financiero. El deterioro de la actividad económica ha generado un importante incremento en el número de activos adjudicados para la banca, lo que unido a la exigencia de más capital regulatorio ha provocado una interrupción en el flujo de crédito al sector privado de la economía. Es evidente que para poder hacer frente a las dramáticas cifras de desempleo es necesario impulsar el crecimiento de la actividad, y para ello es imprescindible desbloquear el canal bancario. Las medidas que se han tomado suponen obligar a los bancos a realizar un ajuste importante en la valoración de sus activos dañados como mecanismo para estimular la salida de estos de sus balances, lo que debería redundar en un incremento de su capacidad de conceder nuevo crédito. En estos días se ha hablado mucho acerca del impacto que va a tener esta devaluación de activos en el mercado inmobiliario con una conclusión casi unánime: los precios bajarán. En nuestra opinión esta afirmación requiere de muchos matices y pensamos que sería más adecuado concluir que los precios van a regresar a la lógica del mercado. La burbuja inmobiliaria no sólo provocó un exuberante incremento de los precios, también supuso la ejecución de proyectos inmobiliarios sin una lógica comercial en otra situación de demanda menos expansiva. La nueva regulación va a permitir que sea el mercado, a través del mecanismo de la oferta y la demanda, el que ajuste los precios y el stock de tal manera que productos ubicados en ámbitos de alta demanda residencial verán menores ajustes en precio que aquellos otros radicados en otras localizaciones menos solicitadas, sucediendo en ocasiones que incluso un ajuste muy severo de los precios será insuficiente para dar salida a activos de escaso valor residencial. El retorno a la lógica precio-ubicación-calidad, abandonada al calor de una expansión monetaria con consecuencias hoy tristemente conocidas, va a ser garantía de permanencia en un sector que tiene que reinventar su futuro.