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El reto de las Organizaciones del Siglo XXI: Cuando hablamos de Dirección por Objetivos (DpO) no podemos pasar sin nombrar sus orígenes de la mano de Peter Drucker que acuñó la frase “The Activity Trap” (la trampa del día a día), que hacía referencia a cómo los Directivos de las empresas se veían envueltos en su rutina diaria y en ocasiones perdían la noción de hacia dónde se dirigían. En pleno siglo XXI, muchas organizaciones tienen implantado el modelo de DpO pero en la mayoría de los casos bajo una vertiente limitada, es decir, vinculada exclusivamente a un sistema de valoración de desempeño, volviendo a “la trampa del día a día”. Pero hay que dar un paso más ya que esta metodología de trabajo posee un enfoque mucho más amplio y estratégico.

Para llevar a cabo una adecuada DpO hay que seguir estos e pasos básicos:

Adecuada marcación de Objetivos

Lo más beneficioso es hacer una definición de objetivos conjunta (responsable y colaborador), ya que la participación aumenta la motivación y el compromiso con las decisiones y con los objetivos establecidos.

Por otra parte, hay que considerar que los objetivos deben estar coordinados con el resto de departamentos de la organización, de cara a ser más eficientes y estar alineados con los objetivos de toda la empresa. Y por último, la mejor manera de lograr la precisión es mediante la cuantificación del grado de cumplimiento y compromiso con una fecha fin. Ya que cuánto más clara y concretamente se expresa lo que se quiere conseguir, mayor es la probabilidad de alcanzarlo.

Planificación de Tareas

Planificar los hitos que hay que alcanzar para conseguir el resultado marcado, no es una tarea fácil. E incluso si preguntamos a algunos Directivos seguro que nos indican que es más fácil desempeñar sus tareas propias del puesto que planificar qué pasos tiene que seguir para alcanzar los objetivos marcados. No obstante, esa tarea de pararse a analizar qué hacer para alcanzar los objetivos marcados va despertando en el empleado una nueva metodología de trabajo que exporta de manera positiva a su día y a la forma de cómo desempeñar las tareas propias del puesto.

Evaluación de Resultados

Hay que empezar a trabajar, pero también hay que ir analizando los resultados y las posibles desviaciones que nos separan del objetivo marcado. Los responsables, junto con sus colaboradores, deben revisar el grado de cumplimiento al menos una vez al año antes del cierre de objetivos, siguiendo las medidas específicas que fueron definidas.

¿Ventajas? Sin duda esta metodología de trabajo aporta muchas ventajas pero la más clara es que se mejora el rendimiento en toda la organización. Facilita la planificación en profesionales que suelen estar acostumbrados a trabajar en función del día a día y no tanto en los resultados. Empezamos a evaluar y anticipar los recursos necesarios para el cumplimiento de objetivos a principios de año. Y lo más determinante es que sabemos de antemano qué tenemos que alcanzar y cómo lo voy a hacer, fomentando así el autocontrol y la autonomía.

Sin embargo, a pesar de todas las ventajas que tiene, no es tarea fácil ya que no podemos olvidar la dificultad de marcar objetivos estratégicos alineados con el Negocio y la complicada tarea de definir las escalas de cumplimiento. Claramente no es tarea fácil,  pero es un reto que deben de asumir las organizaciones porque sin duda es dar un paso adelante.

Montse Sánchez, directora del departamento de Recursos Humanos de  Vía Célere