Las casas en el campo son la máxima expresión de la vida natural, tranquila y alejada del bullicio de las ciudades. Además, las casas en el campo suponen una manera única para educar a los hijos, pues éstos entran en contacto con la naturaleza y disfrutan de la tierra, el sol y las plantas de una manera que recordarán el resto de su vida. Lo cierto es que ya sea una apuesta para vivir durante todo el año o solo en períodos estivales y de vacaciones, las casas de campo ganan presencia en el mercado inmobiliario y se han convertido en toda una perita en dulce para muchos compradores que valoran mucho todo lo que una casa de estas características puede aportarles a su vida.

Resulta indudable que vivir en una casa en el campo proporciona una oportunidad única de poder experimentar una tendencia ahora mismo muy en boga y que –como suele ser habitual– se esconde bajo un nombre anglosajón: el movimiento slow. ¿Has oído hablar de él? Supone recuperar la capacidad de disfrutar las cosas nimias de la vida y detenerte a contemplar lo que te rodea y ser consciente de cada paso que das. Sin prisas, ¿verdad? Y encima repleto de paisajes y exento de ruidos.

Casas en el campo

Vale, parece que ya has decidido coger el portante y saborear una vida vida en pleno ambiente campestre. Pero ¿dónde lo hago? Las posibilidades son inmensas. Por eso debes primero sopesar cuáles son tus necesidades, si quieres un pequeño núcleo de población cerca o tener la gran ciudad a solo un puñado de kilómetros de manera que puedas desplazarte hasta tu trabajo. Aunque quizás tengas la disponibilidad de trabajar desde tu casa porque es cierto que internet ha facilitado que muchos profesionales desempeñen su trabajo desde su propia casa. Solo es preciso una buena conexión. Por suerte, la cobertura está prácticamente asegurada en todos los rincones de nuestra geografía.

Puede también que hayas decidido reciclarte y emprender un negocio rural ya sea agricultura, apicultura, artesanía… En los últimos años se aprecia un repunte de las profesiones artesanales y parece que el mercado tiene interés por adquirir esta clase de productos que poco tienen que ver con la manufactura industrial.

¿Una casa en una aldea despoblada?

Así, el mercado inmobiliario ofrece casas tradicionales tipo masía ya restauradas o pendientes de rehabilitación. Eso sí, algunas de ellas exigen una exhaustiva puesta a punto dado su mal estado. También cabe mencionar el alquiler. En este sentido, la despoblación en nuestro país ha obligado a muchos pueblos a buscar fórmulas para incentivar la llegada de nuevos vecinos. Este es el caso de una aldea de Galicia llamada Xesta. Aquí se ofrecen casas entre 70 y 80 metros cuadrados con terreno para cultivar una huerta o incluso pequeñas explotaciones agrícolas. Para disfrutar de ellas, el inquilino solo debe desembolsar cien euros mensuales. La iniciativa, lanzada en 2015, tuvo muy buena acogida y supone una manera muy inteligente de revitalizar una aldea y evitar que ésta desaparezca.

Por supuesto, Xesta no es el único ejemplo y en España es posible hallar casos similares. Solo es cuestión de informarse.

En definitiva, las casas en el campo son una bonita opción para empezar una nueva vida conectada con la naturaleza y repleta de momentos placenteros. Solo hay que tomar la decisión.