Pedro Gila, director de gestión patrimonial de Vía Célere.

 

¿Qué haría usted si creyera que mañana podría encontrar más barato un producto que desea adquirir?. Si fuera usted un consumidor racional dejaría de consumir hoy para hacerlo mañana y con ello ahorraría algunos euros. Pero, ¿y si fuera usted el productor de ese bien?. Probablemente dejaría de invertir en un negocio en el que los precios de sus productos  se deslizan a la baja y con ello sus márgenes. Pospondría sus decisiones de inversión hasta mejor momento. Como puede adivinar, este es un escenario de consecuencias muy negativas para la actividad económica.

Estos son los efectos de la deflación, tan temida por los responsables de la política económica. Y este es el proceso al que se ha enfrentado el sector inmobiliario desde que en el año 2007 se iniciara la que ha sido considerada como la mayor crisis económica de la historia reciente desde la gran depresión de 1929, y que se ha llevado por delante cientos de miles de empleos y numerosas empresas inmobiliarias.

Pues bien, después de una caída acumulada de los precios de la vivienda del 36,9% desde los máximos alcanzados en el año 2007, comienzan a aparecer los primeros datos que permiten asegurar que el mercado inmobiliario se estabiliza.  Así, según el INE, los precios de la vivienda registraron un repunte intertrimestral del 1,7%. Este repunte se debe principalmente al incremento  de los precios de vivienda nueva cuyo nivel se sitúa un 1,9% por encima del registrado  hace un año.

Son excelentes noticias para un sector que ha vivido como ningún otro un proceso deflacionario como el descrito anteriormente.  La estabilización de los precios mejora el perfil de riesgo de los proyectos, estabiliza el valor de las garantías que toman los financiadores y como consecuencia permite que las compañías inmobiliarias y compradores accedan más fácilmente a los recursos imprescindibles para llevar a cabo sus decisiones de inversión. Pero esa estabilización tiene consecuencias más allá de las descritas. En España, y según se desprende de los datos recogidos en la encuesta de riqueza familiar elaborada por el Banco de España,  aproximadamente el 70% de la misma está formada por bienes inmuebles. La interrupción de esa senda descendente debería ayudar al saneamiento de los balances familiares y con ello, a impulsar sus decisiones de consumo. En definitiva, una gran noticia para todos.

Pedro Gila, director patrimonial de Vía Célere